La erección, un fenómeno muy complejo.
El hombre y su pareja, por tanto, deben asumir que la erección
no se reduce a la pura relación causal “estímulo-reacción”.
No estamos siempre en la misma disposición para el lance erótico,
sepámoslo. Partamos de que la erección puede fallar debido
a muchas causas. Vamos a referirnos sólo a la impotencia de personas
que previamente mantenían relaciones sexuales sin problemas y que
un buen día empiezan a notar una pérdida permanente de su
capacidad eréctil. Y, por tanto, una ausencia de relaciones sexuales
con penetración y eyaculación. Es la llamada impotencia
secundaria, que puede ser orgánica y funcional. En la orgánica
hay una lesión o enfermedad a nivel nervioso por lesión
de médula o de nervios periféricos, una arteriosclerosis
de las arterias que dificulta el flujo de la sangre, una insuficiencia
de las venas que permiten el escape de la sangre; también puede
deberse a la ingesta de algunos medicamentos: los bloqueadores y
diuréticos utilizados para tratar la hipertensión arterial,
algunos antidepresivos, ansiolíticos y neurolépticos. La
cimetidina y la ranitidina para tratamientos gástricos, así
como la insulina y otros antidiabéticos orales, pueden también
generar impotencia. Asimismo, pueden provocarla problemas tiroideos,
hepatopatías crónicas y otras enfermedades del metabolismo.
Son muchas las causas que pueden generar impotencia, por ello hay que
consultar al médico para averiguar la causa y poner el tratamiento
más adecuado.
Impotencia
funcional, no orgánica. Cuando no hay enfermedad que
explique la impotencia se habla de impotencia funcional, que representa
el 60% de los casos. La
función sexual está muy relacionada con el psiquismo,
de forma que cualquier alteración de éste puede repercutir
en aquél; así, el estrés, el cansancio, los estados
depresivos, los conflictos de pareja, o cualquier otro problema que
agobie al hombre puede provocarle impotencia. “Fallar” en el sexo se
convierte para algunos en un trauma obsesivo que termina por agravar
la situación y puede convertir en real una impotencia inicialmente
inexistente. Las erecciones nocturnas durante el sueño son indicativas
de que no hay lesiones neurológicas ni cardiovasculares, y que
la ausencia de erección se debe a causas psicógenas.
El tratamiento de la impotencia es muy complejo. Por supuesto, cuando
hay una causa hay que tratarla y en ocasiones el tratamiento será
psicológico, hormonal, e incluso quirúrgico ya que hay
algunas afecciones, generalmente de origen vascular o por fibrosis de
los cuerpos cavernosos, que sólo pueden arreglarse mediante una
prótesis peneana, que debe considerarse como la última
opción y tras haber fallado las demás. Se han utilizado
también las autoinyecciones en los propios cuerpos cavernosos
con sustancias vasoactivas y que provocan la erección, que no
están exentas de riesgo ya que presentan complicaciones como
el priapismo (erección prolongada durante horas) y la fibrosis
de los cuerpos cavernosos.
Por ello, el Sildenafilo (la Viagra) es una medicación
que ha creado grandes expectativas al evitar estos tratamientos. La
vida sexual es clave para una buena calidad de vida en personas que
por su edad, problemas vasculares u otras enfermedades, no disfrutan
de relaciones sexuales frecuentes y satisfactorias.
No por ello debe administrarse la Viagra alegremente, como si
uno fuese a tomar un afrodisíaco. Es un medicamento, una sustancia
activa que incrementa la liberación de sustancias relajantes
y vasodilatadores a nivel no sólo del pene, sino también
de otros órganos y vísceras por lo que puede presentar
complicaciones y efectos secundarios en algunas personas. De hecho,
y como se sabe, se han registrado muertes asociadas a la toma de este
producto.
La Viagra hay que tomarla, siempre, bajo indicación del médico
y después de estudiar el problema concreto de impotencia del
paciente, tras realizar el diagnóstico correcto de su causa.
Inicialmente, y según reza el folleto informativo de la Viagra,
es adecuada para casi todos los tipos de impotencia, pero las respuestas
pueden ser distintas y hay un porcentaje de fallos y de respuestas nulas
al medicamento.
Para un uso correcto
de la Viagra
Es
un medicamento que ha generado muchas expectativas pero que tiene
efectos secundarios y algunas contraindicaciones. No puede administrarse
alegremente. Si la necesita, acuda a su médico, y expóngale
el problema. Y si es necesario, hágase una revisión,
hable con su pareja. Pero no la tome a hurtadillas, sin control.
No
se debe tomar cuando se ingieren nitratos para tratar afecciones
cardiacas.
La
cimetidina y la eritromicina hacen que la concentración
de sildenafilo (principio activo de la Viagra) en sangre aumente,
por lo que si toma alguno de estos medicamentos hay que comunicárselo
al médico. La dosis de Viagra debe ser menor a la
normalmente prescrita.
Las
reacciones adversas más frecuentes después de su
ingestión so: dolor de cabeza (16% de los usuarios), bajada
de tensión (10%), molestias gástricas (7%), congestión
nasal (4%), disturbios visuales, se ve azul nublado (3%). Con
menor frecuencia, se han registrado también diarrea, sarpullidos
y mareos.
No
han sido estudiadas las repercusiones de las combinaciones de
la Viagra con otros tratamientos para la impotencia. Por tanto,
no deben realizarse combinaciones.
Si
tiene problemas hepáticos o renales, consulte con su médico.
Hay
un incremento del riesgo cardiaco asociado a la Viagra, por lo
que hay que hacer siempre una valoración cardiovascular
antes de su toma.
No
deben utilizar Viagra quienes sufren patologías del pene,
como deformaciones, fibrosis u otras afecciones.
Quienes
padecen algunas formas de leucemia o mieloma múltiple,
que predisponen al priapismo (erección mantenida durante
horas), deben abstenerse de tomar Viagra, al igual que quienes
sufren de retinosis pigmentaria, ya que estas pastillas generan
disturbios visuales. |
|