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Según el grado del desarrollo de la enfermedad se podrían distinguir tres fases:
Fase inicial
El VIH se disemina e invade muchos tejidos, especialmente el sistema linfático. El paciente infectado puede no presentar sintomatología. Manifestaciones clínicas más frecuentes en la fase aguda:
Fase crónica Esta fase tiene una duración variable, que se estima en varios años, y en ella persiste la proliferación viral, aunque a bajo nivel. Los pacientes suelen ser asintomáticos, con o sin adenopatías, cifra baja de plaquetas y mínimos trastornos neurológicos. Aunque existen amplias variaciones individuales, se estima que en 10 años el 50% de los adultos y el 80% de los niños habrán evolucionado a estadios más avanzados, aunque la progresión de la enfermedad puede verse influida por numerosos factores. Fase final Coincide clínicamente con una profunda alteración del estado general del paciente (wasting syndrome, síndrome de desgaste), aparición de graves infecciones oportunistas, ciertas neoplasias y alteraciones neurológicas. Es el momento en el que se considera que el infectado por el VIH tiene sida. El pronóstico
de supervivencia es variable; parecen influir la edad, el mecanismo de
contagio y la forma de presentación. El tratamiento con antirretrovirales
ha mejorado la supervivencia: antes de su utilización se encontraba
entre 30-50% a los 2 años y era menor del 10-20% a los 4 años. |
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