Jorge Luis Borges

El General Quiroga va en coche al muere Ausencia
El madrejon desnudo ya sin una sed de agua
y una luna perdida en el frio del alba
y el campo muerto de hambre, pobre como una arania.

El coche se hamacaba rezongando la altura;
un galeron enfatico, enorme, funerario.
Cuatro tapaos con pinta de muerte en la negrura
tironeaban seis miedos y un valor desvelado.

Junto a los postillones jineteaba un moreno.
Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!
El general Quiroga quiso entrar en la sombra
llevando seis o siete degollados de escolta.

Esa cordobesada bochinchera y ladina
(meditaba Quiroga) ¿que ha de poder con mi alma?
Aquí estoy afianzado y metido en la vida
como la estaca pampa bien metida en la pampa.

Yo, que he sobrevivido a millares de tardes
y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas,
no he de soltar la vida por estos pedregales.
¿Muere acaso el pampero, se mueren las espadas?

Pero al brillar el día sobre Barranca Yaco
hierros que no perdonan arreciaron sobre él;
la muerte, que es de todos, arreó con el riojano
y una de punialadas lo mentó a Juan Manuel.

Ya muerto, ya de pie, ya inmortal, ya fantasma,
se presentó al infierno que Dios le había marcado,
y a sus órdenes iban, rotas y desangradas,
las ánimas en pena de hombres y de caballos.


 ("Luna de enfrente")
	Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

Recuerdo mío del jardín de casa ALGUIEN SUEÑA
Recuerdo mío del jardín de casa:
vida benigna de las plantas,
vida cortés de misteriosa
y lisonjeada por los hombres.


Palmera la más alta de aquel cielo
y conventillo de gorriones;
parra firmamental de uva negra,
los días del verano dormían a tu sombra.


Molino colorado:
remota rueda laboriosa en el viento,
honor de nuestra casa, porque a las otras
iba el río bajo la campanita del aguatero.


Sótano circular de la base
que hacías vertiginoso el jardín,
daba miedo entrever por una hendija
tu calabozo de agua sutil.

Jardín, frente a la verja cumplieron sus caminos
los sufridos carreros
y el charro carnaval aturdió
con insolentes murgas.

El almacén, padrino del malevo,
dominaba la esquina;
pero tenias cañaverales para hacer lanzas
y gorriones para la oración.

El sueño de tus árboles y el mio
todavía en la noche se confunden
y la devastación de la urraca
dejó un antiguo miedo en mi sangre.

Tus contadas varas de fondo
se nos volvieron geografía;
un alto era «la montaña de tierra»
y una temeridad su declive.

Jardín, yo cortaré mi oración
para seguir siempre acordándome:
voluntad o azar de dar sombra
fueron tus árboles.
 ¿Que habra sonado el Tiempo hasta ahora, que es,
 como todos los ahoras , el
 apice?
 Ha sonado la espada, cuyo mejor lugar es el verso.
 Ha sonado y labrado la sentencia, que puede simular
 la sabiduria.
 Ha sonado la fe, ha sonado las atroces Cruzadas.
 Ha sonado a los griegos que descubrieron el dialogo
 y la duda.
 Ha sonado la aniquilacion  de Cartago por el fuego y
 la sal.
 Ha sonado la palabra, ese torpe y rigido simbolo.
 Ha sonado la dicha que tuvimos o que ahora sonamos
 haber tenido.
 Ha sonado la primera manana de Ur.
 Ha sonado el misterioso amor de la brujula.
 Ha sonado la proa del noruego y la proa del
 portugues.
 Ha sonado la etica y las metaforas del mas extrano
 de los hombres, el que
 murio una tarde en una cruz.
 Ha sonado el sabor de la cicuta en la lengua de
 Socrates.
 Ha sonado esos dos curiosos hermanos, el eco y el
 espejo.
 Ha sonado el libro, ese espejo que siempre nos
 revela otra cara.
 Ha sonado el espejo en que  Francisco Lopez Merino y
 su imagen se vieron por
 ultima vez.
 Ha sonado el espacio. Ha sonado la muscia, que puede
 prescindir del espacio.
 Ha sonado el arte de la palabra, aun mas
 inexplicable que el de la musica,
 porque incluye la musica.
 Ha sonado una cuarta dimension y la fauna singular
 que la habita.
 Ha sonado el numero de la arena.
 Ha sonado los numeros transfinitos, a los que se
 llega contando.
 Ha sonado al primero que en el trueno oyo el nombre
 de Thor.
 Ha sonado las opuestas caras de Jano, que no se
 veran nunca.
 Ha sonado la luna y los dos hombres que caminaron
 por la luna.
 Ha sonado el pozo y el pendulo.
 Ha sonado a Walt Whittman, que decidio ser todos los
 hombres, como la
 divinidad de Spinoza.
 Ha sonado el jazmin, que no puede saber que lo
 suenan.
 Ha sonado las generaciones de hormigas y las
 generaciones de los reyes.
 Ha sonado la vasta red que tejen todas las aranas
 del mundo.
 Ha sonado el arado y el martillo, el cancer y la
 rosa, las campanadas del
 insomnio y el ajedrez.
 Ha sonado la enumeracion que los tratadistas llaman
 caotica y que de hecho
 es cosmica, porque todas las cosas estan unidas por
 vínculos secretos.
 Ha sonado a mi abuela Frances Haslam en la
 guarnicion de Junin, a un trecho
 de las lanzas del desierto, leyendo su Biblia y su
 Dickens.
 Ha sonado que en las batallas los tartaros cantaban.
 Ha sonado la mano de Hokusai, trazando una linea que
 sera muy pronto una
 ola.
 Ha sonado a Yorick, que vive para siempre en unas
 palabras del ilusorio
 Hamlet.
 Ha sonado los arquetipos.
 Ha sonado que a lo largo de los veranos, o en un
 cielo anterior a los
 veranos, hay una sola rosa.
 Ha sonado las caras de tus muertos, que ahora son
 empañadas fotografias.
 Ha sonado la primera manana de Uxmal.
 Ha sonado el acto de la sombra.
 Ha sonado las cien puertas de Tebas.
 Ha sonado los pasos del laberinto.
 Ha sonado el nombre secreto de Roma, que era su
 verdadera muralla.
 Ha sonado la vida de los espejos.
 Ha soñado la vida de los espejos.
 Ha sonado los signos que trazara el escriba sentado.
 Ha sonado una esfera de marfil que guarda otras
 esferas.
 Ha sonado el calidoscopio, grato a los ocios del
 enfermo y del nino.
 Ha sonado el desierto.
 Ha sonado el alba que acecha.
 Ha sonado el Ganges y el Tamesis, que son nombres de
 agua.
 Ha sonado mapas que Ulises no habria comprendido.
 Ha sonado a Alejandro de macedonia.
 Ha sonado el muro del Paraiso, que detuvo a
 Alejandro.
 Ha sonado el mar y la lagrima.
 Ha sonado el cristal.
 Ha sonado que alguien lo suena.


Biografía

  
 El 24 de agosto de 1899, a los ocho meses de gestación, nace en Buenos Aires Jorge Luis Borges en casa de Isidoro Acevedo, su abuelo paterno. Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés antes que en castellano por influencia de su abuela materna de origen inglés.
  Georgie, como es llamado en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. A los siete años escribe en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés "El príncipe feliz" de Oscar Wilde.
  En 1914, y debido a su ceguera casi total, el padre se jubila y decide pasar una temporada con la familia en Europa. Debido a la guerra, se instalan en Ginebra donde Gerorgie escribirá algunos poemas en francés mientras estudia el bachillerato (1914-1918). Su primera publicación registrada es una reseña de tres libros españoles escrita en francés para ser publicada en un periódico ginebrino. Pronto empezará a publicar poemas y manifiestos en la prensa literaria de España, donde reside desde 1919 hasta 1921, año en que los Borges regresan a Buenos Aires. El joven poeta redescubre su ciudad natal, sobre todo los suburbios del Sur, poblados de compadritos. Empieza a escribir poemas sobre este descubrimiento, publicando su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires (1923). Instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, publicará algunas revistas literarias y con dos libros más, Luna de enfrente e Inquisiciones, establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia.
  En los treinta años siguientes, Georgie se transforma en Borges; es decir: en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de nuestra América. Cansado del ultraísmo (escuela experimental de poesía que se desarrolló a partir del cubismo y futurismo) que él mismo había traído de España, intenta fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribe cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo ("Hombre de la esquina rosada","El Puñal"). Pronto se cansará también de este ismo y empezará a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta punto de producir durante dos décadas, 1930-1950, algunas de las más extraordinarias ficciones de este siglo (Historia universal de la infamia,1935; Ficciones, 1935-1944; El Aleph, 1949; entre otros).
  En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado por el Congreso Internacional de Editores, y que será el comienzo de su reputación en todo el mundo occidental. Recibirá luego el título de Commendatore por el gobierno italiano, el de Comandante de la Orden de las Letras y Artes por el gobierno francés, la Insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico y el Premio Cervantes, entre otros numerosísimos premios y títulos.
 Una encuesta mundial publicada en 1970 por el Corriere della Sera revela que Borges obtiene allí más votos como candidato al Premio Nobel que Solzhenitsyn, a quien la Academia Sueca distinguirá ese año.
  El 27 de Marzo de 1983 publica en el diario La Nación de Buenos Aires el relato "Agosto 25, 1983", en que profetiza su suicidio para esa fecha exacta. Preguntado tiempo más tarde sobre por qué no se había suicidado en la fecha anunciada, contesta lisamente: "Por cobardía". Ese mismo año la Academia sueca otorga el Premio Nobel a William Golding; uno de los académicos denuncia la mediocridad de la elección. Todos siguen preguntándose por qué Borges es sistemáticamente soslayado. El premio a Golding parece dar la razón a los que dudan de que los académicos suecos sepan realmente leer.
 Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.


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