| El General Quiroga va en coche al muere | Ausencia |
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El madrejon desnudo ya sin una sed de agua
y una luna perdida en el frio del alba
y el campo muerto de hambre, pobre como una arania.
El coche se hamacaba rezongando la altura;
un galeron enfatico, enorme, funerario.
Cuatro tapaos con pinta de muerte en la negrura
tironeaban seis miedos y un valor desvelado.
Junto a los postillones jineteaba un moreno.
Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!
El general Quiroga quiso entrar en la sombra
llevando seis o siete degollados de escolta.
Esa cordobesada bochinchera y ladina
(meditaba Quiroga) ¿que ha de poder con mi alma?
Aquí estoy afianzado y metido en la vida
como la estaca pampa bien metida en la pampa.
Yo, que he sobrevivido a millares de tardes
y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas,
no he de soltar la vida por estos pedregales.
¿Muere acaso el pampero, se mueren las espadas?
Pero al brillar el día sobre Barranca Yaco
hierros que no perdonan arreciaron sobre él;
la muerte, que es de todos, arreó con el riojano
y una de punialadas lo mentó a Juan Manuel.
Ya muerto, ya de pie, ya inmortal, ya fantasma,
se presentó al infierno que Dios le había marcado,
y a sus órdenes iban, rotas y desangradas,
las ánimas en pena de hombres y de caballos.
("Luna de enfrente")
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Habré de levantar la vasta vida que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla. Desde que te alejaste, cuántos lugares se han tornado vanos y sin sentido, iguales a luces en el día. Tardes que fueron nicho de tu imagen, músicas en que siempre me aguardabas, palabras de aquel tiempo, yo tendré que quebrarlas con mis manos. ¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada? Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde. |
| Recuerdo mío del jardín de casa | ALGUIEN SUEÑA |
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Recuerdo mío del jardín de casa: vida benigna de las plantas, vida cortés de misteriosa y lisonjeada por los hombres. Palmera la más alta de aquel cielo y conventillo de gorriones; parra firmamental de uva negra, los días del verano dormían a tu sombra. Molino colorado: remota rueda laboriosa en el viento, honor de nuestra casa, porque a las otras iba el río bajo la campanita del aguatero. Sótano circular de la base que hacías vertiginoso el jardín, daba miedo entrever por una hendija tu calabozo de agua sutil. Jardín, frente a la verja cumplieron sus caminos los sufridos carreros y el charro carnaval aturdió con insolentes murgas. El almacén, padrino del malevo, dominaba la esquina; pero tenias cañaverales para hacer lanzas y gorriones para la oración. El sueño de tus árboles y el mio todavía en la noche se confunden y la devastación de la urraca dejó un antiguo miedo en mi sangre. Tus contadas varas de fondo se nos volvieron geografía; un alto era «la montaña de tierra» y una temeridad su declive. Jardín, yo cortaré mi oración para seguir siempre acordándome: voluntad o azar de dar sombra fueron tus árboles. |
¿Que habra sonado el Tiempo hasta ahora, que es, como todos los ahoras , el apice? Ha sonado la espada, cuyo mejor lugar es el verso. Ha sonado y labrado la sentencia, que puede simular la sabiduria. Ha sonado la fe, ha sonado las atroces Cruzadas. Ha sonado a los griegos que descubrieron el dialogo y la duda. Ha sonado la aniquilacion de Cartago por el fuego y la sal. Ha sonado la palabra, ese torpe y rigido simbolo. Ha sonado la dicha que tuvimos o que ahora sonamos haber tenido. Ha sonado la primera manana de Ur. Ha sonado el misterioso amor de la brujula. Ha sonado la proa del noruego y la proa del portugues. Ha sonado la etica y las metaforas del mas extrano de los hombres, el que murio una tarde en una cruz. Ha sonado el sabor de la cicuta en la lengua de Socrates. Ha sonado esos dos curiosos hermanos, el eco y el espejo. Ha sonado el libro, ese espejo que siempre nos revela otra cara. Ha sonado el espejo en que Francisco Lopez Merino y su imagen se vieron por ultima vez. Ha sonado el espacio. Ha sonado la muscia, que puede prescindir del espacio. Ha sonado el arte de la palabra, aun mas inexplicable que el de la musica, porque incluye la musica. Ha sonado una cuarta dimension y la fauna singular que la habita. Ha sonado el numero de la arena. Ha sonado los numeros transfinitos, a los que se llega contando. Ha sonado al primero que en el trueno oyo el nombre de Thor. Ha sonado las opuestas caras de Jano, que no se veran nunca. Ha sonado la luna y los dos hombres que caminaron por la luna. Ha sonado el pozo y el pendulo. Ha sonado a Walt Whittman, que decidio ser todos los hombres, como la divinidad de Spinoza. Ha sonado el jazmin, que no puede saber que lo suenan. Ha sonado las generaciones de hormigas y las generaciones de los reyes. Ha sonado la vasta red que tejen todas las aranas del mundo. Ha sonado el arado y el martillo, el cancer y la rosa, las campanadas del insomnio y el ajedrez. Ha sonado la enumeracion que los tratadistas llaman caotica y que de hecho es cosmica, porque todas las cosas estan unidas por vínculos secretos. Ha sonado a mi abuela Frances Haslam en la guarnicion de Junin, a un trecho de las lanzas del desierto, leyendo su Biblia y su Dickens. Ha sonado que en las batallas los tartaros cantaban. Ha sonado la mano de Hokusai, trazando una linea que sera muy pronto una ola. Ha sonado a Yorick, que vive para siempre en unas palabras del ilusorio Hamlet. Ha sonado los arquetipos. Ha sonado que a lo largo de los veranos, o en un cielo anterior a los veranos, hay una sola rosa. Ha sonado las caras de tus muertos, que ahora son empañadas fotografias. Ha sonado la primera manana de Uxmal. Ha sonado el acto de la sombra. Ha sonado las cien puertas de Tebas. Ha sonado los pasos del laberinto. Ha sonado el nombre secreto de Roma, que era su verdadera muralla. Ha sonado la vida de los espejos. Ha soñado la vida de los espejos. Ha sonado los signos que trazara el escriba sentado. Ha sonado una esfera de marfil que guarda otras esferas. Ha sonado el calidoscopio, grato a los ocios del enfermo y del nino. Ha sonado el desierto. Ha sonado el alba que acecha. Ha sonado el Ganges y el Tamesis, que son nombres de agua. Ha sonado mapas que Ulises no habria comprendido. Ha sonado a Alejandro de macedonia. Ha sonado el muro del Paraiso, que detuvo a Alejandro. Ha sonado el mar y la lagrima. Ha sonado el cristal. Ha sonado que alguien lo suena. |
Biografía
El 24 de agosto de 1899, a los ocho meses de gestación,
nace en Buenos Aires Jorge Luis Borges en casa de Isidoro Acevedo, su abuelo
paterno. Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés antes que
en castellano por influencia de su abuela materna de origen inglés.
Georgie, como es llamado en casa, tenía apenas seis años cuando
dijo a su padre que quería ser escritor. A los siete años escribe en inglés
un resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, inspirado
en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés "El príncipe
feliz" de Oscar Wilde.
En 1914, y debido a su ceguera casi total, el padre se jubila y
decide pasar una temporada con la familia en Europa. Debido a la guerra, se
instalan en Ginebra donde Gerorgie escribirá algunos poemas en francés mientras
estudia el bachillerato (1914-1918). Su primera publicación registrada es una
reseña de tres libros españoles escrita en francés para ser publicada en un
periódico ginebrino. Pronto empezará a publicar poemas y manifiestos en la prensa
literaria de España, donde reside desde 1919 hasta 1921, año en que los Borges
regresan a Buenos Aires. El joven poeta redescubre su ciudad natal, sobre todo
los suburbios del Sur, poblados de compadritos. Empieza a escribir poemas sobre
este descubrimiento, publicando su primer libro de poemas, Fervor de Buenos
Aires (1923). Instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924,
publicará algunas revistas literarias y con dos libros más, Luna de enfrente
e Inquisiciones, establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más
joven vanguardia.
En los treinta años siguientes, Georgie se transforma en Borges;
es decir: en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de nuestra
América. Cansado del ultraísmo (escuela experimental de poesía que se desarrolló
a partir del cubismo y futurismo) que él mismo había traído de España, intenta
fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica
de la realidad. Escribe cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el
tango, sobre fatales peleas de cuchillo ("Hombre de la esquina rosada","El Puñal").
Pronto se cansará también de este ismo y empezará a especular por escrito sobre
la narrativa fantástica o mágica, hasta punto de producir durante dos décadas,
1930-1950, algunas de las más extraordinarias ficciones de este siglo (Historia
universal de la infamia,1935; Ficciones, 1935-1944; El Aleph,
1949; entre otros).
En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado
por el Congreso Internacional de Editores, y que será el comienzo de su reputación
en todo el mundo occidental. Recibirá luego el título de Commendatore por el
gobierno italiano, el de Comandante de la Orden de las Letras y Artes por el
gobierno francés, la Insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico
y el Premio Cervantes, entre otros numerosísimos premios y títulos.
Una encuesta mundial publicada en 1970 por el Corriere della Sera
revela que Borges obtiene allí más votos como candidato al Premio Nobel que
Solzhenitsyn, a quien la Academia Sueca distinguirá ese año.
El 27 de Marzo de 1983 publica en el diario La Nación de
Buenos Aires el relato "Agosto 25, 1983", en que profetiza su suicidio para
esa fecha exacta. Preguntado tiempo más tarde sobre por qué no se había suicidado
en la fecha anunciada, contesta lisamente: "Por cobardía". Ese mismo año la
Academia sueca otorga el Premio Nobel a William Golding; uno de los académicos
denuncia la mediocridad de la elección. Todos siguen preguntándose por qué Borges
es sistemáticamente soslayado. El premio a Golding parece dar la razón a los
que dudan de que los académicos suecos sepan realmente leer.
Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.
Links
http://www.literatura.org/Borges/Borges.html