Gustavo Adolfo Bécquer

I VII
    Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

	Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

	Pero en vano es luchar, que no hay cifras
capaz de encerrarle, y apenas ¡oh hermosa!,
si teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera al oído cantártelo a solas.
	Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.

	¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

	¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!

 

XIII XXI
	Tu pupila es azul, y cuando ríes
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

 Tu pupila es azul y cuando lloras
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

	Tu pupila es azul y si en el fondo
como un punto de luz radia una idea
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella.

		¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
		Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.


XXIX XLI
      La bocca mi bacció tutto tremante..

	Sobre la falda tenía
el libro abierto,
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros,
no veíamos las letras
ninguno, creo,
mas guardábamos ambos
hondo silencio.
¿Cuánto duró? Ni aun entonces
pude saberlo.
Sólo sé que no se oía
más que el aliento
que apresurado escapaba
del labio seco.
Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo,
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.
.........................
..........................
     Creación de Dante era el libro,
era su Infierno.
Cuando a él bajamos los ojos,
yo dije trémulo:
¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?
Y ella respondió encendida:
-¡Ya lo comprendo!
	Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafia su poder:
tenias que estrellarte o que abatirme...
¡No pudo ser!

	Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
tenias que romperte o que arrancarme...
¡No pudo ser!

	Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder:
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!

LII LIII
	Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

	Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino
¡ llevadme con vosotras!

	Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura
¡llevadme con vosotras!

		Llevadme por piedad adonde el vértigo
con la razón me arranque la memona.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!
			Volverán las oscuras golondrinas
de tu balcón sus nidos a colgar
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

		Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
esas... no volverán!

		Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

		Pero aquellas cuajadas de rocio
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!

		Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

	Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
nadie así te amara.


Biografía

G.A. Bécquer nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, el quinto de ocho hijos. A los dieciocho años, en 1854 se fue a vivir a Madrid, pero siempre añoró a su ciudad natal. En la capital empezó su carrera de escritor, y fueron unos años difíciles. Su obra apareció en diarios y revistas, como "El Contemporáneo", "El Museo Universal", y "La Ilustración de Madrid", del cual llegó a ser director literario. Su salud era muy endeble, y en 1858 sufrió una grave enfermedad. Falleció en Madrid el 22 de diciembre de 1870 a los treinta y cuatro años.

Links
http://www.geocities.com/SoHo/Studios/1118/becquer.htm